Manifiesto

Una marca estratégica tiene un poder de influencia enorme.

Y las que más provecho le sacan a esto son empresas que suelen operar en contra de dos stakeholders olvidados, el planeta y las personas. Sin una estrategia que les permita maquillar esa verdad, muchas no serían lo que son hoy.

Pero eso no es lo que más me molesta.

Del otro lado hay empresas que generan un impacto real. Que cuidan a su gente, que se hacen cargo de lo que dejan atrás, que muchas veces eligen la opción más cara porque es la que corresponde. Esas casi nunca se apalancan en ese poder.

Algunas porque sienten que no hay que salir a comunicar lo que hacen, porque es simplemente lo que corresponde. Otras porque enfrente tienen gigantes con presupuesto para maquillar su realidad, y hacer llegar un mensaje cuesta lo que esa competencia decide.

Lo vi muchas veces. Y hago mea culpa: en mis inicios trabajé para marcas que hoy no aceptaría. Fue ahí donde entendí el poder de la marca, y la responsabilidad de quienes la desarrollamos.

También creo algo que en este ambiente no se dice: una empresa establecida que adopta buenas prácticas genera hoy más impacto que una startup que quiere cambiar el mundo desde un garage.

Soy de los que sueñan, y apoyo a esos proyectos. Pero también leo estadísticas, y sé dónde está el impacto que se sostiene.

Por eso mi foco está hoy en impulsar las marcas de empresas que ya están establecidas.

Empresas que crecieron por instinto, buen producto y años de laburo, y que en algún momento llegaron a un techo donde el instinto dejó de alcanzar. Tienen una marca, pero nadie la decidió: se fue formando sola. Y hoy esa marca ya no representa el tamaño ni la ambición de lo que construyeron.

Ahí es donde entro.

Claridad
para saber qué son y qué no.
Diferenciación
para ocupar un lugar que nadie más pueda ocupar.
Foco
para dejar de correr detrás de todo.
Visibilidad
para que eso llegue a donde tiene que llegar.

Con herramientas probadas y acompañando cada paso.


Y no trabajo con cualquiera.

Sé que hay caminos más fáciles. Decirle que sí a todo el que golpea la puerta. O ayudar a una de esas empresas desesperadas por mejorar su percepción, que pagan mejor que nadie.

Pero si después de todos estos años no pongo lo que aprendí detrás de un propósito, no aprendí mucho.

De ahí nace Marcas que dejan marca.

Si este manifiesto no te representa, seguí buscando. Hay muy buenos especialistas para cada sector.

Ahora, si te inspiró, me comprometo a darlo todo para que tu marca deje marca.

— Matías Marinaro

¿Te representa?

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